Igual que en Teherán durante aquel ardiente 1979, una turba avanzó sobre la sede diplomática norteamericana en Bengasi. La diferencia es que los fanáticos iraníes que ocuparon la embajada, respondían al ayatolá Jomeini, deseoso de frustrar el acercamiento al ala moderada de la revolución que intentaba el consejero de Estado Zbigniew Brzezinski.
En cambio, el ataque al consulado que costó la vida al embajador y a tres de sus funcionarios no habría sido instigado desde la cumbre del poder libio. No obstante, le recuerda al mundo la fuerte presencia en Libia del fanatismo ultraislamista.
El giro copernicano que hace una década llevó a Gadafi de archienemigo a aliado de las potencias de Occidente, tuvo que ver con el crecimiento del ultraislamismo que combatía contra su régimen secular. Como en el resto del Magreb, en Libia es fuerte el salafismo, vertiente islámica que reivindica la aceptación literal del Corán y del Hadiz (compendio de tradiciones islámicas), desechando las interpretaciones teológicas. Los salafistas se inspiran en la concepción cerrada que difundió en el siglo 9 el teólogo bagdadí Ahmad ibn Hanbal, retomada y reforzada posteriormente por Al Wahab, cuya doctrina inflexible rige en Arabia Saudita y es profesada por Al Qaeda.
En síntesis, el wahabismo y las demás doctrinas salafistas se caracterizan por su propensión al fanatismo y la intolerancia.
En el norte africano irrumpieron hace décadas los Grupos Salafistas de Combate y Predicamento, que tuvieron protagonismo en la guerra civil argelina y, en los últimos años, se rebautizaron Al Qaeda en Magreb. Afianzados en Libia, participaron de la rebelión que terminó con el régimen y con la vida de Gadafi. El bastión de los ultraislamistas es Cirenaica, la región oriental que inició el levantamiento popular y cuya capital es precisamente Bengasi, la ciudad donde la turba asesinó a los diplomáticos norteamericanos.
Es posible que el ataque haya sido provocado por la película considerada una ofensa a Mahoma (realizada por coptos, proyectada en EE.UU. y difundida al mundo por YouTube), pero es imposible descartar una relación con el aniversario del 11-S y con la reciente muerte de Said al Shihri, número dos de Al Qaeda abatido en Yemen.
Lo único claro es que el extremismo salafista, siempre fuerte en el Magreb, podría complicar la lenta construcción del nuevo estado libio y que los coptos (árabes cristianos) son una minoría seriamente amenazada en el norte africano.
La sombra del fanatismo
13/Sep/2012
El País, Uruguay, Claudio Fantini